Estoy enojado con Dios.

Te han hecho daño, te han herido, te han engañado y estás enojado con Dios.

Con todo lo negativo que ha ocurrido en tu vida, tal vez sientes que a Dios realmente no le importas, o no entiendes por qué él no intervino cuando bien pudo. ¿Cómo puedes confiar en él? ¿Qué de ese gran amor del cual hablan? Tal vez ni siquiera estás seguro de que él existe.

No hay nada malo en cuestionar las dificultades que tú o algún ser querido enfrenta. Todos los seres humanos han luchado por entender por qué suceden estas cosas. Incluso los personajes de la Biblia como el Rey David, Moisés y Habacuc no dudaron en contarle a Dios cómo se sentían.

David escribió en el Salmo 89:46: «¿Hasta cuándo, Señor, te seguirás escondiendo? ¿Va a arder tu ira para siempre, como fuego?». El Profeta Habacuc clamó: «¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves?» (Habacuc 1: 2). Y Moisés, mientras dirigía un pueblo rebelde y quejumbroso hacia su patria, le dijo a Dios: «Si yo soy tu siervo, ¿por qué me perjudicas? ¿Por qué me niegas tu favor…?» (Números 11:11).

Estas grandes figuras bíblicas no fueron inmunes al sufrimiento y a la injusticia. Ellos supieron expresarse con sinceridad pero también reconocieron que Dios es santo y que sus caminos están por encima de los nuestros (Isaías 55: 8).

Hay una diferencia entre luchar con las dudas y la rebelión desafiante contra Dios: entreexpresarle nuestro sentir y estar enojado con él. Lo primero es válido incluso saludable; lo segundo, no.

Como personas finitas e imperfectas, no nos corresponde estar enojados con un Dios todopoderoso. Él, a diferencia nuestra, ve y entiende todo el panorama. Él sostiene todo el mundo, y nosotros no. Entonces, ¿qué derecho tenemos para desaprobar lo que él permite?

Dios no creó el mal y no busca hacerte daño. Lo que sea que hayas sufrido no es un ataque personal de Dios, más bien es el resultado del mal y la injusticia que hay en el mundo, o un refinamiento de parte de Dios para que, en última instancia, seas fortalecido por su amor.

La ira es una reacción legítima ante las dificultades pero si se desenfrena puede llevar a la hostilidad o la amargura, y destruirte. Es por eso que la Biblia dice en Efesios 4:26: «Enójense, pero no pequen», porque el darle lugar desenfrenado a la ira conduce a todo tipo de sentimientos y acciones negativas.

La carga que llevas, el problema que enfrentas, la aflicción de la que no puedes librarte; todo esto puede ser doloroso, abrumador y frustrante. Sea lo que sea, no hay nada malo en decirle a Dios cómo te sientes. ¡De hecho, él ya lo sabe! Sólo asegúrate de no verter tu enojo hacia Aquel que te ama y quiere ayudarte a superar todo lo negativo.

No dejes que la ira produzca una brecha entre tú y Dios. Descubre hoy mismo cuán profundo es su amor por.

COMPARTELO CON UN AMIGO:

Paso 1 – ¡Dios te ama y tiene un plan para tu vida!

La Biblia dice, “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, [Jesucristo] para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Jesús dijo, “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia,” lo que significa una vida completa y llena de propósito (Juan 10:10). Pero aquí está el problema:

Paso 2 - Somos pecadores y estamos separados de Dios.

Todos hemos hecho, pensado o dicho cosas malas, lo cual la Biblia llama ‘pecado’. La Biblia dice, “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Las consecuencias, o la paga del pecado, es muerte—separación espiritual de Dios (Romanos 6:23). ¿Las buenas nuevas?

Paso 3 - ¡Dios envió a su Hijo a morir por tus pecados!

Jesús murió en nuestro lugar para que nosotros podamos vivir con Él eternamente. “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Pero no terminó con su muerte en la Cruz. ¡Resucitó y vive todavía! “Cristo murió por nuestros pecados … fue sepultado … resucitó al tercer día según las Escrituras … se apareció a Pedro, y luego a los doce [discípulos]. Después se apareció a más de quinientos” (1 Corintios 15:3-6). Jesús es el único camino a Dios. Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida—le contestó Jesús—nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

Paso 4 - ¿Te gustaría orar para recibir el perdón de Dios?

No hay nada que podamos hacer para ganar la salvación; somos salvos por la gracia de Dios cuando tenemos fe en su Hijo Jesucristo. Sólo tienes que reconocer que eres pecador, que Cristo murió por nuestros pecados, y pedir, con una oración, Su perdón. Orar es simplemente hablar con Dios. Él te conoce y te ama. Lo más importante para Él es la actitud de tu corazón: la honestidad. Sugerimos hacer la siguiente oración para aceptar a Jesucristo como Salvador:

“Querido Señor Jesús, Sé que soy un pecador. Te pido perdón y me aparto del pecado. Creo que moriste por mis pecados y resucitaste para darme una nueva vida. Te entrego el control de mi vida. Te invito a entrar en mi corazón y en mi vida. Confío en ti como mi Señor y Salvador por el resto de mi vida. En tu nombre, Amén.”

¿Hiciste está oración?